Tras varias semanas parece que por fin encontramos un hueco para escribir un poco sobre el viaje a Jaca. La excusa y motivo principal (aunque no el único) era participar en la marcha cicloturista “Treparriscos”, hermana pequeña y nacida al calor de la famosísima “Quebrantahuesos”, para muchos la máxima expresión del cicloturismo en España. Pero también era una buena oportunidad de visitar el esplendoroso románico oscense que hay en la zona de Jaca.

La idea de participar en la Quebranta me viene desde hace años, aunque no fue hasta el año pasado tras hacer la Perico que me lo planteé más en serio, hablando con Bea y siendo realistas, vimos que en el 2016 mejor la Trepa, en marzo teníamos maratón y preparar 200km en tan poco tiempo nos parecía complejo, por no decir imposible.

Así que una vez tomada la decisión de apuntarse el sorteo para obtener plaza, quedaba dar el coñazo (otra vez) a Fran Mora para que se viniese ¡cuántas carreras has hecho por mi proverbial insistencia! (y cuánto te debo por tus ánimos cuando he flaqueado en ellas). Convencerle fue fácil, como tengo sus datos de otras encerronas le apunté al sorteo sin que lo supiese.

Bien, ya éramos tres (Bea, Fran y yo) para la Trepa y un montón de primosdezumosol para la Quebranta; como soy un pesado había que convencer a más gente y las víctimas estaban a mano: Danae, José Octopus, Fran Moncholi y algún que otro despistado/a que anduviese por Trimad. Así que un par de WhatsApp en el grupo de bici, un par de bromas en los entrenos y convencemos a Danae entre palabras de ánimo y palabrotas varias. Pero no quedaba ahí la cosa y también involucramos a Juanjo (muyayo, el año que viene te vienes a la Quebranta y Fátima también), lástima no engañar a los modernos del Tri… Lucía, Pepe, Ramonchu, Gema, Óscar no os libráis para el año que viene…y del grupete de correr ya caerán Isa, Sergio, David y cualquier incauto/a que veamos con una flaca….y los del tri, que este año ya tenemos confianza para dar la murga a Paula, Jon, Joao y el resto de integrantes.

Así que éramos cinco, aunque al final cuatro los que formalizamos la inscripción (muyayo, repito que vete depilando las patas, que el año que viene no te libras) y ¡¡¡sin sorteo! ¡¡¡yuhú!!! ya solo quedaba buscar el hotel en Jaca…y bueno, prepara un poco los 84km de la cicloturista.

El invierno pasó entre los entrenos del señor Cuevas por Casa de Campo, las peleas para no ir a Aluche, las malditas escaleras y unas estupendas vacaciones con Bea en preciosa isla de La Palma donde anduvimos más que un legionario de Julio César y comimos peor que un soldado de Napoleón en Rusia.

En marzo maratón de Utrecht (Bea 6ª en la media, casi tienen que llamar el cónsul de urgencia para que estuviese en la entrega de premios) y posteriores vacaciones allí visitando amigos y compartiendo casa con una gatita bautizada como siesta. Interesante una exposición que vimos en una antigua prisión, sobre todo una obra que consistía en los restos del Azor, acompañados de un video donde se veía el proceso de convertirlo en chatarra y otro en el cual salía el generalísmo, y caudillo de España por la gracia de Dios, acompañado de su santa (suponemos que también por la gracia de Dios, porque el caudillo no tenía ninguna como para seducir a nadie), disfrutando de unas ¿merecidas? vacaciones estivales.

Tocaba volver a Madrid y empezar a hacer rutas con la bici y a elaborar la parte cultural del viaje, lo cual casi llevó más tiempo que el que pudimos montar en bici sin que la lluvia y el tardío frío de primavera nos cortase las salidas.

Por suerte tanto Bea como yo no afrontamos salir en bici como un entreno, sino como una ruta donde disfrutar cada día que podemos montar en ella, donde aprender en cada pedalada y ver cada puerto como una oportunidad de oxigenarse y respirar, respirar y respirar conscientemente (Fernando yogui como tengas bici de carretera el año que viene te pensamos dar la murga para que te vengas y nos animes con tus “y arribaarribarriba”). Así nos recorrimos la sierra norte desde Buitrago en varias direcciones, las consabidas Morcuera, Canencia y Navafría (¡ay, aunque reneguemos de vosotras cada vez que os escalemos, no podríamos vivir sin vosotras) y una divertida salida con Jeffman hasta Aranjuez.

Imposible decir el número de kilómetros que metimos, no muchos, pero lo importante fue que disfrutamos de cada uno de ellos, ya fuese solos o en compañía de Isa, Danae, Lucía, Gema, Óscar, Pedro, Cuevas y su grupeta (Cuevas vuelveeeee), Fran (ah no, Fran, no), Mario, Octopus, Zamorano, Klaus, Kike Puertos…espero no dejarme a nadie. También hubo salidas cicloturistas de alforja y bocata de jamón por una sorprendete y colorida Ciudad Real en compañía de otros amigos.

Cuando se acercaban las fechas del viaje, muy buen amigo herr doctor Thomas Dickmeis se anima al viaje, no a la bici, pero sí a visitar el aragonés románico (o romántico como decía él en una no acertada, pero comprensible, traducción de la multitud de lenguas que habla: castellano: romano – románico – romántico; francés romain – roman – romantique; inglés: roman – romanesque – romantic; eutsch: römisch – romanisch – romantisch) y a probar alguna exquisitez culinaria de aquellas montañas algo lejanas para él.

El día viaje nos metimos las dos bicis, a Berta y nosotros tres en el coche del abuelo; nos damos cuenta que está complicado ir con Berta y como en el hotel no nos dejan tenerla, decidimos dejarla en casa de unos familiares (lo siendo peluda, pero ya sabes que estos viajes de bici y cultureo no son para ti; que nadie se preocupe el siguiente viaje fue por Asturias y se lo pasó en grande) para ir más tranquilos.

El trayecto por carretera fue un poco aburridillo hasta llegar cerca de Sabi y poder disfrutar de un bonito paisaje, según nos íbamos acercando se veían más coches con bicis y el gusanillo iba haciendo cosquillas. Bueno, como estamos en Huesca me pongo a cantar “La capital mundial” de Da FLOWers, lo cual provoca que Bea y Thomas me miren con caras raras (para quien no conozca la canción: https://www.youtube.com/watch?v=NaggzsRFXg4

Llegamos a Sabi nos vemos con Patri que está guapísima con su tripita de mamá, y Fran, que también está guapísimo con su tripita de papi, y vamos por los dorsales. La feria está a reventar, mucha gente, conseguimos los dorsales y nos vamos a tomar un café. Llega el momento maillot, ¿nos quedarán bien. La verdad es que son bonitos, pero el color negro me parece los más anticicloturista de carretera que hay y por supuesto el maillot de las chicas es igual que el de los chicos. Señores organizadores de eventos deportivos: tomen nota y hagan los maillots específicos para las ciclistas por favor y no hace falta que sean rositas, ni con hello Kity de estampado.

Tras la merendola nos vamos a Jaca, donde los tres estamos alojados en un colegio. La habitación es sencilla: baño y literas, suficiente para dos días. Me tumbo en la litera y empiezo a leer los mensajes escritos en el somier de arriba, versos de amores adolescentes y, sobre todo, desamores incurables que me hacen recordar a mi primer amor con nombre de eterna diosa holywodiense. Me siento un poco mayor al darme cuenta que no reconozco ninguna de las frases escritas, nada de Calamaro, Extremoduro, es tan corto el amor y tan largo el olvido y supongo que sí mucho de Pereza, Alex Ubago y “gentuza” así.

La noche pasa sin novedad…¡¡¡y llega el día de la Trepa!!!!….

Como la carrera en sí es bastante sencilla, solo haré un breve resumen de la misma:

Desayunamos en el colegio rodeados de ciclistas contando batallitas y nos vamos a Sabi. Aparcamos y vamos a la furgo en busca de Fran, me llama Danae que viene camino y no sabe qué ropa ponerse, se olvida de colgar el teléfono y la oído discutir con su padre porque ¡¡¡se ha dejado el casco en el hotel de Jaca!!!. Así que el buen señor tiene que dar un volantazo en mitad de la autovía y volver por el casco de la niña a 160km. Por fin llega, con el casco, vamos a la salida para ver a nuestros primosdezumosol, pero hay tantísima gente que solo conseguimos saludar a Pedro y a Jaime (¡¡¡qué alegrón verte tan bien zagal!!!). Nunca la cursilísima frase de la serpiente multicolor tuvo tanta razón de ser, es impresionante la cantidad de compañeros y compañeras cicloturistas que hay. Lo cual demuestra, una vez más, que este deporte no es solo está compuesto de hombres y que ‎todos nosotros (los hombres) debemos ser conscientes que nos movemos en un mundo donde ‎predomina lo masculino y a veces tenemos actitudes (seguro que la mayoría sin mala intención) ‎que no son agradables para nuestras compañeras de ruta. Este es un deporte donde la ‎presencia femenina va ganando terreno, no se lo hagamos más difícil con nuestros micromachismos estúpidos o nuestros atávicos prejuicios sin sentido y el que no lo sienta así, ya ‎sea por inconsciencia o pura imbecilidad, que se tome cinco minutos de su tiempo para ‎reflexionar e intente empatizar con nuestras compañeras ciclistas. ‎

Salimos, como no somos tantos, creo que 2500, vamos ágiles y no hay parones, a la salida de Sabi primeras rampitas donde Danae y Fran se quedan atrás, así que paramos para esperarles, se unen, pero se vuelven a quedar, decidimos tirar porque les vamos oyendo –se han debido de juntar los dos cicloturitas que más hablan de todo el pelotón internacional-. Afrontamos el Cotefablo sin mayores problemas, en lo alto hay un avituallamiento estupendo, llamo a Fran pero no tiene cobertura, les esperamos unos 20 minutos y decidimos bajar no sea que hayan pasado y no les hayamos visto. Bea, como siempre, se tira a tumba abierta y yo como veo menos que una mezcla de rompetechos y el minion de las gafas, bajo más prudente, pero intentando no quedarme atrás a ver si pillamos a los dos parlanchines, lo cual no sucede, disfrutamos bastante del descenso, casi siempre en grupetilla. Luego hay otro puerto que curiosamente no tiene nombre, ni en el libro de ruta, ni en internet, simplemente subes un puerto igual que el Cotefablo (de 2ª en la Vuelta a España 2016) que no tiene nombre, como vamos bien empezamos a pasar compañeros de Trepa y unos pocos nos pasan a nosotros. Esa parte es un poco fea, hay varios túneles donde hace bastante frío, en especial uno de unos 4km que se hace eterno, además hay bastante viento de frente, por suerte a la salida de ese túnel y cuando quedan unos 15km enganchamos un pelotón de unos 12 cicloturistas que nos llevan a la meta en volandas.

El ambiente en Sabi es precioso, la gente está en la calle animando, hace sol y todos estamos sonrientes, entramos separamos por unos segundos y nos damos un beso digno de escribirse en el somier de mi litera…. y en un beso, sabrás lo que he callado… Nos ha encantado la experiencia, pero ambos pensamos que 84km son muy pocos, sobre todo para un viaje de más de cuatro horas. Si en ese momento nos dicen de subir hasta el Cotefablo y dar la vuelta, para allá que nos vamos sin dudarlo.

Al rato, llegan Danae y Fran, que siguen hablando como dos sacamuelas, ambos también están muy contentos, lo cual me supone un alegrón, porque no hay nada mejor que ver la felicidad en los compañeros de bici. También vemos llegar al ganador de la Quebranta, que por supuesto viste de negro riguroso digno de la mejor viuda siciliana.

El padre de Danae nos da noticias alarmantes sobre la Quebranta, el intenso frío ha hecho mella y miles de cicloturistas han tenido que abandonar. Nuestros primosdezumosol nos irán dando buenas noticias a lo largo de la tarde, excepto Mario, que nos comenta que no le han dejado terminar por culpa del temporal.

Regresamos a Jaca con Thomas, duchazo y un poco de siesta entre versos de desgarrado amor y desamor adolescente.

Lo mejor de la Trepa: ambiente, paisajes preciosos, voluntarios, avituallamientos; lo peor: se hace bastante corta, (pero eso es una opinión nuestra), la zona de los túneles es un coñazo y creo que faltaba algún coche se asistencia, de hecho no vi ninguno.

Por la tarde quedamos con Fran, Patri y Letón para dar una vuelta por Jaca, vemos la catedral y la ciudadela, paseamos por el centro y en “La Tasca de Ana” nos comemos unos pinchos sencillamente F-A-B-U-L-O-S-O-S. Solo por eso casi merecen la pena las cinco horas de coche.

Más contentos no podíamos estar tras la pantagruélica merienda-cena

Como la merienda-cena nos supo a poco, nos vamos al camping donde están alojados nuestros primosdezumosol, que han organizado una barbacoa. Allí están todos, el elegante Klaus con su gafas de sol, Sira, chef Amalio, Kike puertos –pero de primera, nada de tachuelas-, Pedro, Zamorano, Jeff y su esposa (sorry chamo se me ha olvidado su nombre), Danae, Jaime con su melena al viento oscense, Nacho…solo falta Mario. De él no tenemos noticias muy claras, parece que la Guardia Civil cortó la carretera y no le dejaron seguir, durante la cena alguien nos cuenta que habló por teléfono con él y que está bien, algo cabreado, pero bien.

Mario, compañero, el año que viene disfrutamos de nuestra primera, de las muchas Quebrantas que nos quedan por hacer.

Las historias que cuentan de la carrera ponen los pelos de punta, lluvia, frío, mucho frío, nieve, bajadas sin visibilidad alguna…Zamorano dice que nunca lo ha pasado peor sobre la bici y eso que él tiene cuero sobre las dos ruedas, Kike que estuvo a nada de bajarse, Jaime que no abandonó porque se había apostado la melena a que la terminaba, así todos….entonces pienso que menos mal que no apunté, porque con lo friolero que soy seguro tenía que coger el coche escoba.

La cena es muy agradable, entre pancetógenos, cervezas, risas, anécdotas varias, algún gin tónica (poco Beefeater con Schweppes, hielo y nada de limón por favor), según sube la ingesta del agua de fuego se empiezan a oír cosas como que este verano cae la Purito, la Perico, un ironman de montaña y el año que viene…el año que viene ya veremos, de momento toca disfrutar del momento.

Y llegó el domingo y con él la segunda parte del viaje: ver un poco de Románico aragonés. La primera parada era obligatoria: monasterio de San Juan de la Peña, no os aburriré con detalles, solo que merece muchísimo la pena hacer la visita guiada, a los tres nos encantaron(además la guía nos recordó a todos a mi madre, sería por los ademanes de profesoras de ambas) las explicaciones. Del monasterio en sí solo destacaré los deliciosos capiteles del claustro.

Bajamos a comer a otro pueblo (se me ha olvidado el nombre) donde había otra robusta iglesia románica (¡románica, Thomas, románica!) y nos comimos las mejores migas que he probado en mi vida y eso que no soy muy de migas, estas estaban de chuparse los dedos y se unen a la lista de motivos para hacer la Quebranta el año que viene.

Tras las migas, vuelta a Madrid en un viaje sin mucha historia.

Para acabar, solo me queda agradecer a Uge, Fran, Óscar, David e Iñaki que se embarcasen en la aventura que es Trimad y hayan sabido crear este espacio tan humano, sano y lleno de respeto, agradecer también a Billie sus consejos y sesiones de estiramientos, a Rafa por su paciencia, así como a todos y todas las cicloturistas con los que nos hemos cruzado durante estos meses y hacen gala de los valores de esto tan bonito que es cicloturismo (personas como Pepe Coach y Bea, Jorge fisio y su pareja, Nicolás Camarero y su blog, o las chicas de “Ciclistas femeninas que pedimos igualdad”) en cada kilómetro que pedalean.

Por último, un abrazo muy grande para la familia del compañero fallecido durante la marcha Treparriscos y a la de todos y todas las cicloturistas que han sufrido accidentes durante estos meses.

 

 

 

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