IRONMAN  70.3 BARCELONA (Nacho Delgado)

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Como decía nuestro amigo Einstein, solo hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica, la VOLUNTAD. Cualquiera de nosotros puede comprobarlo de una forma u otra, con retos más accesibles o algo más complicados, pero lo que está claro es que si se sueña con algo, es porque es POSIBLE.

Recuerdo la primera vez que escuche la palabra “Ironman”, tenía 12-13 años y después de que me explicaran en lo que consistía dicha prueba no dude en pensar que la gente que realizaba ese tipo de pruebas tanto triatlones como carreras populares no estarían muy bien de la cabeza. ¿Por qué sufrir por sufrir? Pero poco a poco se me fue encendiendo esa “chispa” la cual ha hecho que desde hace ya más de 6 años mi forma de vida este tan relacionada con el deporte. Primero fueron carreras de 5km, luego las divertidas carreras de 10km para después poder dar el salto a la media maratón y con el paso del tiempo el gran esperado maratón. Siempre me ha sorprendido la ambición, superación y constancia en cualquier ámbito de las personas que he ido conociendo a lo largo de estos años relacionadas con este “mundo de locos”.  De ahí que en los últimos años haya buscado algo más que correr, algo que aporte “más leña al fuego” y el triatlón es la combinación perfecta para no encontrar excusas para salir a entrenar y pasar un buen rato tanto solo para desconectar como con los amigos y terminar con unas “cañas”.

Como habéis visto siempre he ido poco a poco, poniéndome metas a corto-medio plazo y siempre que yo fuese consciente de que podría conseguirlas con esfuerzo pero sin olvidar que no me dedico a ello y que debo compaginarlo con la familia y amigos.  Además esto ha sido una de las claves para no “quemarme”, tirar la toalla o lesionarme ya que siempre el esfuerzo ha sido progresivo.

Hace 8 meses que junto a mi gran compañero de “batallas” Fran, decidimos apuntarnos a nuestro primer triatlón de media distancia y por fechas, organización y localización decidimos apuntarnos al Ironman 70.3 de Barcelona. La verdad que al principio pensamos si estábamos “locos”, no sabíamos muy bien por donde empezar a entrenar, pero esta parte de entrenamientos me ha aportado grandes momentos, divertidos pero también duros que hacen que cuando llega el esperado día te acuerdes de todos ellos.

Llegamos a Calella, un pequeño pueblo situado a 60km aprox. de Barcelona. Nada más llegar lo primero que me llamó la atención fue ver como el pueblo estaba tan involucrado con la prueba, bares, casas y calles llenas de banderas que la gente había colgado para acoger a los participantes. Los nervios ya se empezaban a disparar y eso que quedaba día y medio por delante. Pasamos por la zona “Expo” para recoger los packs de voluntarios de mi novia y hermano que no dudaron en “echar un cable” el sábado. El viernes antes de cenar y acostarse tocaba estirar un poco las piernas que tras el viaje estaba deseando mover y así poder conocer un poco el recorrido de la carrera a pie.

El sábado amaneció con un sol esplendido, algo de viento pero temperatura perfecta. Nos dirigimos a recoger nuestros dorsales a las 10 de la mañana y acto seguido acudimos a la reunión donde nos explicaron las normas e información más importante de la carrera al más puro estilo americano. Se notaba nerviosismo en el ambiente, daba igual la nacionalidad o edad que todos teníamos la misma sensación en el estómago, un nudo que en menos de 24h se iba a quitar una vez que nos metiésemos en el agua y comenzar nuestro Ironman. Antes de comer nos metimos en el agua para inspeccionar un poco el recorrido y tomar contacto con la temperatura y estado del agua, la cual estaba fresca y con alguna ola que te hacía tragar más agua de lo normal pero a pesar de ello salí bastante contento de ese baño. Por la tarde dejamos las bolsas y bicicletas en la zona de transición. Ya solo quedaba continuar alimentándose bien, llenando las reservas y descansar para estar al cien por cien el domingo.

Esa noche no pegué ojo, parecía que no pasaba el tiempo y los nervios estaban venciendo a mi cansancio y ganas de dormir. Tras dormir unas horillas sonó la alarma… 4:40 de la mañana!! En el comedor del hotel que habían abierto de forma especial para los participantes se podían observar caras de concentración máxima y nerviosismo. Es complicado desayunar tan pronto cuando el estómago está cerrado pero cuando piensas que ese desayuno va a hacer que aguantes durante la carrera se te abre rápidamente. No había apenas luz cuando nos dirigimos a la zona de transición que era donde comenzaba la prueba, silencio sepulcral.

Ahora tocaba enfundarse nuestra armadura (neopreno) y calentar un poco. El mar estaba algo revuelto con olas orilleras que hacían que más de uno se llevase un revolcón a la entrada y salida del agua. Me coloqué en la zona de salida y a las 7:05 después de que saliesen los “pros” comenzaba mi desafío. Afronté los primeros metros tranquilo buscando un hueco para poder nadar sin agobios y tras girar en la primera bolla empecé a nadar bastante cómodo. Como en cualquier triatlón no me libré de codazos y patadas pero todos sabemos lo que pasa en el agua. Llegué a la última bolla para enfilarme hacia la orilla y tras esperar que me empujase una ola empecé a correr por la arena. El ambiente era espectacular con los familiares animando, pasé la transición y ahora es donde la cabeza comienza su papel fundamental.

El recorrido de 90km con tres puertos de montaña se hizo bastante ameno. Fui poniéndome pequeñas metas cada 10km (avituallamientos, cima del puerto, pueblos…) de forma que se hacía mucho más llevadero y cuando quise darme cuenta ya iba por el km75. Tocaba relajar un poco las piernas e ir pensando en lo que me quedaba aun por correr.

La T2 fue buena y nada más salir de la transición me encontré con mi familia los cuales después de 3 horas esperando animaron con todas sus fuerzas. Los primeros 10km pasaron bastante rápido pero pasado el km11 noté que algo fallaba, las fuerzas empezaban a caer igual que un avión derribado.

Ahora si que tenía que pensar en por qué estaba ahí corriendo, las personas que te han animado durante tantos meses, acompañado en los entrenamientos y que si me concentraba llegaría suave pero sin parar. Pasaban los kilómetros despacio pero ya se empezaba a oler la meta, esa moqueta roja y negra que tantos deseamos pisar. Fueron 5 horas 46 minutos, de los cuales 4 horas fueron con las piernas, 1 hora con la cabeza y esos 46 largos minutos con el corazón.

Gran parte de este logro es gracias de un gran amigo, Fran, que tras verse involucrado en un accidente en el último kilómetro de bici antes de la transición cuando cruzaba un voluntario por donde no debía no pudo terminar. Es injusto que por causas ajenas se esfume todo tan rápido, pero si algo tenemos los “locos” como nosotros es soluciones para todo. Ya tenemos motivo para buscar nuestro segundo Ironman.

Espero que por lo menos a una persona de las que leáis esto, os haya podido encender esa chispa que a mi se me encendió hace ya un tiempo y cuidado que una vez que se enciende no se apaga.

Un abrazo a los “locos” como yo y a los “futuros locos”.

Nacho Delgado Ferreira

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